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Mi Gran Vida Gay

Ruzafa

MI GRAN VIDA GAY
Ruzafa

Un nuevo mes y un nuevo viaje. Esta vez decidí ir a Valencia. Hace años pasé una larga temporada allí y tenía la necesidad de volver aunque fuese por un día. Además la vuelta sería para sumergirme en lo más atrayente de un barrio que me arropó  en su momento y me hizo sentir como en casa.

Ruzafa. La verdad es que el nombre suena contundente pero Ruzafa es la castellanización de Russafa que proviene del árabe y significa “jardín” o “residencia del gobernador”. De hecho eso es lo que había en este distrito en el siglo IX, a unos dos kilómetros a las afueras de la ciudad. Abd Allah al-Balansi mandó construir un jardín de recreo en la zona que imitara a la de su padre, Abderramán I, en las proximidades de Córdoba.

Qué culto parezco, ¿verdad? Sí, es que Google te regala el don de la inteligencia aunque yo tengo menos memoria que Dory, así que no me lo toméis en cuenta.


Sí, llegué a Ruzafa (ese jardín eterno), y me alojé en el Petit Palace sito en la calle Sueca 14. Me encantó su arquitectura y su trato familiar. Además os diré que el barrio se encuentra a diez minutos a pie del centro y a otros diez minutos de la estación de tren, por lo que eso es un claro punto a favor.

Vale, sí, ahora que leéis diréis que hago trampa porque pasé una temporada larga allí y podría haberme quedado en casa de algún amigo o amante. ¡Cómo sois, de verdad! Uno es capaz de ir de incógnito y perderse entre la multitud con los poderes especiales que me acabo de sacar de la manga. Así que menos críticas y a seguir leyendo.

Pues veamos… llegué al hotel de noche y me fui directamente a la cama. ¡Solo! (Ya estamos…) Quería empezar mi andadura por el barrio fresquito y con ganas de mucho, mucho… Iba aprovechar todo lo posible, así que me levanté como a las ocho de la mañana y me recibió ese sol de Valencia que parece que lo han comprado para siempre en algún mercado medieval. Aunque ya empezaba a oler a Fallas y algunas luces perdidas lo inundaban  todo (vale, sí, que era de día y no estaban encendidas, pero estaban ahí, lo juro por la memoria de Mina y la noche anterior les había echado un vistazo rápido y algún que otro selfie absurdo de esos que te crees el amo del mundo), pues hacía un calorcito que prometía sudores a raudales y brillos en la cara de esos que ni “Encuentros en La Tercera Fase montaje del director”.

Salí del hotel. A menudo me imagino con una banda sonora, así que si os la sabéis, imaginad Good Morning Baltimore de Hairspray y ahí voy yo (soy muy de musicales). Entonemos un Good Morning Ruzafa y empecemos a darlo todo. Porque el barrio se llena de calles estrechas y edificios con solera; balcones decorados por artistas y tiendas, tiendas, tiendas…  de ropa, de zapatos, antigüedades, pintura, salas de arte… un no parar. Si quieres puedes pasarte un día entero recorriendo todo lo que ofrece y volver al día siguiente para recuperar todo aquello que se te ha escapado.

Veamos, que me disperso, que soy mucho de dispersarme aunque ahora en Facebook hay un montón de artículos mega científicos que nos convencen de que si eres olvidadizo es que eres muy inteligente, que si te dispersas es porque eres muy inteligente, que si te manchas la ropa es porque tu cociente intelectual es la hostia, que si te molesta el ruido es porque tu sensibilidad es más inteligente que el resto del planeta y así un no parar… y, qué queréis que os diga, a mi me conviene porque soy todo eso y más, un súper dotado (Nota del Traductor: esto no indica nada sexual, no imaginéis nada relativo a las partes ocultas de Espinosa porque nada más lejos de la realidad), que lo dice Facebook y lo que dice Facebook va a misa.

¿Veis? Ya me he despistado. Pues me fui a desayunar a un sitio que me encanta. Cuántas veces en el pasado fui a escribir allí y a ponerme tibio de tartas de todos los tamaños y sabores. Se llama Dulce de Leche y está en la calle Pintor Gisbert 2 (esquina con la calle Cuba). Podéis pedir lo que queráis. Es como sumergirte en algún rincón de Amsterdam y saborear cafés especiales, tés aromáticos… mmm…  Es el sitio perfecto si queréis empaparos de un buen libro, escribir el vuestro, hablar con algún desconocido o salirte a la terraza y nutrirte de sol.


Creo que estuve allí como una hora. Ah, abren a las nueve de la mañana, que no se me olvide. Así que volví a las calles y había cogido hora en un par de sitios uno para relajarme y otro para ponerme guapo. La verdad es que los dos te ponen guapo porque uno te relaja y el otro te da forma. Me explico. Me fui a Herba Sacra en calle Cádiz 17 donde Miguel Ángel me llenó de energía con masajes repletos de aceites esenciales y música que venía más allá del cielo. Es una visita obligada si lo que queréis es sentiros a gusto con vosotros mismos. Hace que tu energía se equilibre y te sientas tú mismo, que eso es muy difícil hoy en día (al menos para mí, qué se le va a hacer… ¿me queréis aún?). Me pasaría páginas hablando de ese templo de paz que atesora el barrio, pero me tenía que ir a cortar el pelo (porque sí, porque yo lo valgo), a una de las peluquerías más “ruzaferas” y con la persona más carismática. Es Joan Santamaria Perruquers y está en la calle Literato Azorín 17. Si tenéis suerte igual pilláis alguna de las exposiciones que suele tener en el local. De todas maneras ya el sitio es digno de visitar con muebles de esos que llaman vintage y que te llevarías a casa pensando que te van a quedar de cine y que luego (siempre hablo de mi), quedan como un pegote que no resaltaría ni en casa de tu abuela Tomasa. Sí, porque hay personas que ponen en su hogar un cenicero Cinzano al lado de una lámpara con señora sirena tallada en el pie y unos platos Duralex de color ambar supuestamente “lo más”, y les queda de película de Almodovar. Sin embargo yo pongo eso en mi casa y mis amigos pensarían que me ha entrado una especie de Síndrome de Diógenes por más que yo lo llame Art Decó (una gracia de esas con la que realmente quieres decir Arte De Contenedor). En fin… que me fui a ver a Joan para que me cortase el pelo y me hiciese pasar un rato de esos que tanto echo de menos. De esos en los que te habla de todo y te cuenta de todo y te ríes, te ríes mucho…

Aperitivo con el pelo cortito de moderno de ciudad. Que el día se va muy rápido. Tenía que volver a mi Tula Café. ¿Qué es Tula? Tula es el lugar por excelencia. Casi nació con la movida de Ruzafa y me enganchó desde el principio. Pasé horas en su interior con esa decoración que a menudo me recordaba a la serie Friends. Agoté minutos y  minutos en su terraza rodeado de vegetación o pasé noches tomando cocteles infinitos mirando el cielo y riendo con amigos. Tula Café en la calle Cádiz 62, donde su dueño Alejandro os recibirá con una sonrisa siempre… Así que volví  allí y me senté en su terraza recordando. Tomé una copita de vino y brindé por el pasado y por el futuro. Soñé. Os juro que soñé porque eso lo hago muy bien…

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Siguiente etapa, que nos ponemos sentimentales.

Había que comer. Tenía muchas dudas porque en Ruzafa hay un sitio para cada gusto: mejicanos, vegetarianos, japoneses, cocina mediterránea… Me costaría mucho describir cada uno de ellos, pero me decanté por el Restaurante Copenhagen en calle Literato Azorín 8. Es un lugar especial. Su cocina es vegetariana y son todo productos de mercado en un lugar con aire industrial y minimalismo escandinavo. Digno de visitar. De verdad.

Cuando acabé no pude evitar tomar un café de postre y una buena ración de esa tarta Velvet que me tiene loco en La Más Bonita en la Calle Cádiz 61. Su nombre lo dice todo. Es la más bonita de Ruzafa y para saber de lo que hablo tendréis que visitar el lugar y luego contarme.

Siesta. Un ratito. Solo un ratito. Diez minutos o quizás veinte. Me lo merezco. ¿No?

Las siete de la tarde. Te acuerdas de todo lo que viene a tu mente y le pones un puntito escatológico para que suene más efectivo. Ducha y a la calle de nuevo. La noche ya se acerca y esas luces que anuncian Fallas (¿veis? Si es que no creéis nada de lo que digo). Me paseo de nuevo por las calles. Veo el Mercado de Ruzafa por fuera (está cerrado ya). Es muy característico y digno de visitar si tenéis un ratito por la mañana. Sigo viendo tiendas y me pierdo por algún barecito a tomar un refresco. Os dejo ese espacio de tiempo para que descubráis lo que venga a vuestro paso y os aseguro que no os arrepentiréis.

Dentro de un rato iré a cenar al sitio del moda en el barrio: el Mercado de San Valero. Se encuentra en  Gran Vía Germanías 21 esquina con la calle Cádiz.  Es el primer Street Food Market de Valencia inspirado en los mercados de Londres, Nueva York, Amsterdam o Berlín. ¿Necesitáis más razones para hacer una parada nocturna allí?

Así que cuando acabo camino repleto de comida y sensaciones. Me gustan sus calles. ¿Lo he dicho ya? Ha sido un día de recuerdos y memorias. He visto gente que conocía y gente que me gustaría conocer. Queda la copa final en algún lugar de moda. Me habían hablado de Picadilly que se ha consolidado como una oferta de referencia entre el público LGTB. Se encuentra en la calle Tomasos 13.  Fue el broche perfecto. Conocí gente con la que pasé horas de esas creí haber perdido en el tiempo de mi juventud.

Y el día acabó con el eco de mis pasos de vuelta al hotel. Al día siguiente me volvería a casa con una tremenda resaca sentimental. Antes me escaparía un ratito a la playa a mojarme los pies y nutrirme de brisa salada… Pero había merecido la pena. Había vivido Ruzafa como nunca. Había sentido sensaciones de adolescencia y, por un momento, pensé que quizás en esta Mi Gran Vida Gay puede que encontrase al amor de mi vida… ¿Quizás…?

Y hoy,  porque me apetece, os voy a poner mi Twitter, Facebook e Instagram para que me digáis cosas si os apetece o me pongáis verde, que también puede ocurrir…

Twitter: @javiespinosa77

Facebook: @JavierEspinosaAutor

Instagram: javier_espinosa

Nos vemos en el próximo número y gracias por estar ahí…

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