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Malu Pieldevaca

Un Tornado de Energía

Fotografía: Belén Imaz

Comencé en este mundo del diseño interior después de haber estudiado y ejercido durante siete años en el ámbito de la publicidad.

Fue un poco de casualidad… empecé ayudando a amigos (porque se me daba bien, por lo visto) hasta que un día decidí que si me gustaba esto para dedicarme full time, mejor sería que buscase la formación adecuada. Estudié en IADE arquitectura de interiores y ya, en segundo curso, me salió mi primer trabajo remunerado, un ático en una planta trece, que además publicó la revista “La casa Marie Claire”.

Malu Pieldevaca – Fotografía: Belén Imaz

A partir de ese momento no paré de recibir encargos, y mientras cursaba tercero y a punto de terminar, me llamaron para mi primera obra grande, un gimnasio de 9000 metros cuadrados y 30.000 de jardín para hacer interior, en un principio, y que acabó extendiéndose a exterior (pistas de pádel, piscinas y canchas de tenis) y ya de paso y aprovechando mis años de publicidad, me encargaron el vestuario del personal y toda la imagen corporativa y búsqueda de nombre del gimnasio: “FISICO” . Fue un año de trabajo al lado de arquitectos e ingenieros y más de 40 personas en obra que, pienso, me dejaron preparada para todo lo que vendría después.

Aunque mi actividad se ha centrado sobre todo en vivienda, he pasado por todos los campos que requieren la colaboración de una diseñadora: tiendas, hoteles, restaurantes, obra efímera (stands para ferias), corners de marcas en grandes centros comerciales y lo más divertido que recuerdo, una gasolinera (o más bien su tienda y su restaurante).

Cuando a veces me encuentro archivos de todo lo que he hecho, siento que estos más de veinte años en la profesión dan para mucho.
Por recordar alguna anécdota ahora, mientras buscaba fotos, me he encontrado con un premio Metrópoli que me dieron por la decoración de un restaurante.

Cuando veo estas fotos me vienen recuerdos de lo que supuso hacer cada obra y con lo que me quedo de cada una de ellas, grande o pequeña. Todas tenían un valor y un sentido y es lo que me inspiró en ese momento… la persona o la empresa que me hizo el encargo. Cada obra es única, como únicos son los clientes. Cada uno con sus necesidades, sus demandas, sus caprichos y sus ilusiones… no sería capaz de hacer dos casas iguales, porque no hay dos clientes iguales.

Se podría decir que el sello Pieldevaca está latente, se puede, pero creo que es obligación del profesional escuchar y observar, porque la persona que solicita tu ayuda no siempre tiene claro lo que quiere y nuestra misión es encontrarlo. A veces, cuando termino una obra y veo al cliente moverse por ella, sonrío pensando…” qué bien te queda tu casa… y si es así, es porque aunque no lo sabías, la querías así, yo solo observé y le di forma”…

 

Fotos cortesía de Malu Pieldevaca

www.pieldevaca.com
malugondeco@gmail.com

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