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Invitados Especiales

Loo Van Loup

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¡Anda que no!… ¿Quién no ha tenido alguna vez invitados especiales? y ya no me refiero ni siquiera en una boda, sino a esos invitados especiales que asisten, indefectiblemente, a cualquier celebración que se les ponga por delante, a toda convocatoria que les llegue y a todo evento que sea visitable para, sin remordimiento alguno, malograr cualquier cosa.

No son especiales…son especialitos más bien. Ellos son los distintos, los pejigueros, los melindres y los desinformados, los impertinentes, los sabelotodo, los graciosillos, los que no comen de nada y son alérgicos a todo, los cuestionadores, los que se ponen de ejemplo, los pelmas, los que se aburren, los rencorosos y los toca pelotas. En definitiva… los insoportables.

En cada cena a la que hemos invitado a nuestros amigos con gran amor, uno de estos especímenes se ha encargado de destrozarla desde su llegada a su nunca suficientemente temprana marcha, poniendo al límite los nervios de más de uno. Si has hecho un maravilloso asado, por supuesto se han vuelto veganos y están empezando a dar una charla pesadísima a toda la mesa con un entendimiento digno de cátedra así que, en modo urgencia, les pones unas verduritas a la plancha, pero vaya…solo la comen eco y bio y tú lo único bio que tienes en la nevera es un yogur… y te da como apuro. Eco…el de tu cabeza que se ha quedado hueca de las tonterías que tienes que oír. Si pones un vino corriente, porque estás a fin de mes, resulta que no te acordabas de que eran abstemios, pero si la botellita es de las que te ha costado un ojo de la cara, se lo tragan como si fuera agua de Lanjarón, porque ellos son somelieres de altura. El pan les da cosita porque ahora son celíacos y si pones otra cosa, tienen alergia a la harina de espelta, a la avena, a la quinoa, a las semillas, al trigo y al maíz y, si te descuidas, al harinero y a su molino.

La tortilla de patata les gusta exactamente al contrario de como tú la hayas hecho y la apartan con una modesta sonrisita de disculpa en la que tú, lo que ves, es la cara del mismísimo Belcebú diciéndote… “¡hala, a joderse!”… Las recetas delicatessen son exploradas minuciosamente mientras eliminan cositas con tal pulcritud, que el interés de la mesa ya no está en la conversación hace rato, sino en la operación a corazón abierto que está sucediendo en sus platos. Casquería no, cebolla poca…ajo ni pensarlo que luego no pueden darle un beso a nadie (“¿a quién?” te preguntas tú) marisco “¡uy no, no que huele!”. Si se te ha ocurrido poner pescado, solo ellos encuentran una espinita de medio milímetro que se había despistado por allí ,pero que suena como un ladrillo de adobe etíope cuando la escupen en el plato tras un episodio de toses de tuberculoso de película del siglo XIX… los dulces engordan, pero si no hay postre se quedan como “con ganitas de algo suave para el final”, café no, té uuuff, copas…buenooo…pero eso sí, siempre dejando que el hielo se deshaga en un vaso ya triste y sin gracia, porque si no es un licor de altura les sienta regular. “Pena de que no les envenene”… piensas con desesperación.

Y eso con la comida. Porque hay muchas más maneras de destrozarte los nervios, la cena, el evento o lo que se tercie y ellos lo saben y no van a perder esa ocasión, claro. En cualquier reunión, se sientan en un borde del sofá para reclamar atención con ojitos acuosos de Beagle, porque parece que, o nadie les hace caso o es que no se sienten a gusto. Que pensándolo bien es casi lo mejor, porque otra faceta muy habitual es la de ser cuestionadores de todo lo que se habla, con el consiguiente cabreo del resto de tus invitados que se sienten como si les estuvieran llamando mentirosos, así a la cara. Impertinentes con el aspecto de los demás, te preguntan si te has operado las arrugas de los ojos delante de todos y con total desfachatez, o te recuerdan que su trabajo es de los de verdad mientras muestran cierta preocupación por tu estado laboral,con esa sonrisilla de lado que siempre les aparece cuando saben que estas al borde de pedir ayuda en una ONG.

En toda fiesta no puede tampoco faltar el invitado pelma al que alguien, con un alma cándida, le pregunta qué tal le va y tres horas después observas, con horror, que sigue explicándole como era que le iba. Otro prototipo inevitable es el graciosillo que, en un principio, suele reunir un círculo de interesados alrededor pero que, después de unos 179 chistes seguidos, empiezan a disolverse con disimulo. Pero ellos, que son expertos en retener a su público, los agarran sin pudor para que se queden firmes en su puesto como soldados de guardia. La realidad es que invitados dificilitos hay muchos y variados y que casi siempre nos sorprenden; el ostentoso, por ejemplo, se cansa casi enseguida de sus peroratas si no hay cuñados cerca a los que poner los dientes largos, así que suele optar por cogerse una cogorza solitaria en un rinconcito alejado para nuestra paz de espíritu. ¡Amén!… y si el invitado especialito es el depresivo permanente, sabed que suele recogerse pronto, gracias al Señor. Así que parece que, dentro del horror, aún queda cierta esperanza en el Universo.

Pero todos ellos, por separado o en grupo, son una amplia raza de personajes que sabes que, irremediablemente y sin piedad, van a destruir TU BODA. Y, abatido, te preguntas si es necesario que vengan. ¿Qué habremos visto en estos personajillos para tener que invitarlos?… Pero tras un momento de debilidad y cobardía reconoces que “haberlos haylos”… como las meigas y es del todo necesario contar con ellos, aunque nos suponga un consumo masivo de Valium y algún anti depresivo de bajo impacto, por aquello de no aparecer como zombies en nuestro propio casamiento. Eso sí, una vez tomada la decisión de enviarles la tarjetita correspondiente, hay que tomar medidas para bregar con ellos y sobrevivir a ese día.

Solo conozco dos métodos infalibles…el primero y más efectivo, sin duda, es descolocarlos con fechas o direcciones falsas. Funciona. Pero no podéis olvidaros, ni vosotros ni el resto, de apagar los GPS de manera absoluta, que los dificilitos son muy investigadores. Os costará una bronca monumental, pero siempre se le puede echar la culpa a la tecnología ¡bendita sea! Además eso será dentro de un tiempo, media el viaje y las cositas propias de un nuevo matrimonio. El otro método es más de andar por casa pero igualmente eficaz, bueno, tan eficaz como perverso para el resto de los invitados porque consiste en colocarlos estratégicamente entre nuestros verdaderos y buenos amigos para que, con el mayor de los remordimientos por nuestra parte (por otra parte, inversamente proporcional a la mayor de las tranquilidades), los neutralicen naturalmente y carguen con la pesadilla por un día en sus largas vidas… pero oye, es que los que organizamos el fiestorro, ya tenemos bastante con lo nuestro.

¡Ah! que se me olvidaba… también existe el tío abuelo Coronel de Brigada en Zaragoza que no se entera de nada y que, en medio del banquete, suelta un sonoro…“¡Pero bueno y la novia… ¿quién era?!”…pero ese es otra historia; y es que además de que hace tiempo que vive en otros mundos, está sordo y habla alto. Pero hacedme caso, ese no tiene maldad…

Loo Van Loup

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