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Se va el Verano

Hector Betancort


 

«Se va el verano» es el tema de conversación de la gente, se va para ellos, que viven en el Mundo Exterior, pero yo vivo en Lanzarote y puedo seguir disfrutando de ver tíos semidesnudos por la calle hasta enero.

Dice todo el mundo que lo peor del verano es el calor, la sequía y los incendios pero no estoy de acuerdo, me parece una idea frívola y simplista. Yo creo firmemente que lo peor del verano es, con diferencia, la ropa de lino, uniforme de la gente básica, blanco si van de progres, camel si no se atreven. ¡Tenemos que parar esto! ¡Alguien tiene que decirlo! ¡Basta ya de absurdas ilusiones ibicencas! Odio el lino casi tanto como odio la Zumba, y la odio mucho, porque reúne las dos cosas que más me repugnan, el ejercicio y ver a la gente feliz. ¡Y basta ya de usar alpargatas, por favor! No tengo motivos concretos, intento ser tolerante con su uso pero, simplemente no me gustan, no las uséis. Cuando asuma el poder será lo primero que prohíba.

Ahora que lo menciono… ¿Alguien se ha parado alguna vez a hacer una segunda lectura del tema «tolerancia» ? Tolerar es permitir; el que se ve en el derecho de permitir podría sentirse en el derecho de no hacerlo, el que no permite podría prohibir, y prohibir es propio de dictadores. Tolerar es un ejercicio de arrogancia. La tolerancia eleva al individuo a un pedestal desde el que decide lo que se puede o no se puede, y no está bien, la gente no debe ir por el mundo «tolerando» a los demás, como fuesen algo que hay que soportar. Por supuesto hablo de los demás, yo soy muy egocéntrico y sí que puedo ser tolerante, de hecho, lo soy.

Este verano me he dado cuenta de por qué no he sido padre todavía. Siempre he querido tener hijos, pero algo en mi cabeza me echaba para atrás, nunca supe qué, hasta ahora. Nunca he tenido hijos por miedo, por un terrible y paralizante terror a que me salgan listos y con inquietudes, entro en pánico al pensar en verlos toda la vida sufriendo y luchando contra este mundo hecho para borregos. Si alguna vez soy padre, haré lo posible por que no estudien, hagan mucho deporte, tengan hijos a los 16 y sean felices con sus vidas sin aspirar a más, que es lo que me hubiese encantado hacer a mí. Siempre he estado a favor de proyectar los sueños y metas propios en los hijos, para algo están.

Pero no sé yo, no las tengo todas conmigo en eso de poder engañar a alguien para compartir paternidad, y sólo no los voy a tener, lo tengo claro, necesito a alguien que se encargue de ellos las 22 horas al día que yo esté cansado, desganado u ocupado en las misiones que me ha encomendado algún ser superior. Cada vez tengo más claro que soy como un mesías de la mierda y que mi principal misión en este mundo es vomitar basura, todavía no sé para qué, he de suponer que algún día se me revelará el motivo, los caminos de El Señor son misteriosos.

Mientras tanto me he dado cuenta en estos meses también de que puedo vivir con poco, mientras ese poco sean diamantes, aunque tengo que reconocer que en la vida hay un sinfín de pequeños placeres que no se compran con dinero, como meter la mano en el WC para que, por la propiedad transitiva, todo lo que toque se quede con caca.

Y con esto me voy a disfrutar de los tres meses que me quedan a mí de verano mientras vosotros aprovecháis para guardar los pantalones cortos en el trastero.

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