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Mi Gran Vida Gay

Barcelona


 

Este mes Mi Gran Vida Gay me llevó hasta Barcelona. La verdad es que tengo muy buenos recuerdos de esa ciudad y los mejores me llevan a uno de esos amores que te marcan para siempre y que justifican mucho de lo que eres hoy en día. Recuerdo mis fines de semana allá por el siglo pasado cuando iba a ver aquel que ocupaba mi mente y mis deseos de futuro. Él era de mi ciudad natal, Zaragoza, aunque por trabajo se había ido a vivir a la ciudad condal y me llevaba por los sitios de moda de aquel entonces. Os diré que uno de los recuerdos que tengo de aquellos días es estar tirado en la cama y ver en la tele la inauguración de un nuevo canal de televisión que se llamaba TeleCinco, por lo que os podéis hacer una idea de cuánto ha llovido.

Barcelona, por lo tanto, me trae un torbellino de sentimientos que ahora mismo me permito recuperar. Fue una persona que descubrió en mi la capacidad que yo tenía para escribir. Me incitaba a hacerlo a cada momento. Me decía que podría llegar a ser algo, que tenía un camino limpio de historias que descubrir. Fue duro y fue bello, pero le hice caso y aquí estoy. Nuestra historia de amor se diluyó en la nada y fue a parar a ese espacio en el que los sentimientos se suspenden en el aire. Ese portal lleno de universos paralelos en los que todas nuestras historias siguen evolucionando y se llenan de todos los momentos que olvidamos vivir. Os diré que hace unos años quise ponerme en contacto con él y me enteré que se había marchado, que su vida había tocado su fin yendo a su mundo de libros inagotables y, quizás, escribiendo aquella historia que siempre quiso terminar.

Por eso llegué a Barcelona con una maleta llena de memorias bellas que me harían recorrer de nuevo lugares ya aprendidos y, de alguna manera, dedicarle todo esto que voy a escribir porque sus calles aún me saben a pasado. Así que… esto va por ti, Roger…

 
Venga, que me he puesto muy tonto y no es plan. Que os tengo acostumbrados a las risas y a alguna carcajada (que sí, que alguno ya me lo ha dicho, no os hagáis los estrechos). Pues llegué a Barcelona una mañana de sol y algo de humedad. Iba a alojarme en el nuevo hotel de Axel, el Two Hotel Barcelona by Axel. No me defraudó en absoluto con su estilo, su encanto, su maravilloso personal… Se encuentra ubicado a 5 minutos de Gaixample, en Carrer de Calàbria 90-92. Dejé la maleta y me fui a dar un paseo por la ciudad. Vale. Que soy muy típico, pero me apetecía echarle un vistazo a la Sagrada Familia y perderme por las Ramblas. Lo que quería que fuese un ratito se convirtió en un largo paseo que me embriagó por esta ciudad cargada de magia. A cada rincón encontraba lugares en los que perderme y miradas que recordar. Así que me apresuré hacia el Raval para comer en Zelig, un lugar cargado de encanto en el que pude comer con tranquilidad y con un trato digno de reseñar. Se encuentra en el Carrer del Carme 116 y es un acierto seguro. Hacedme caso.

Como siempre, tras ir de un lado a otro; patearme las calles sin fin; mirar tiendas de las que quería llevarme todo y sentirme por unos instantes como la Baronesa Thyssen, decidí echarme una siesta en el Hotel. Sí, mis siestas ya son míticas y me recargan mucho para lo que va a venir luego. Es que me tenéis un poco loco y me gustaría poder transmitiros todo. Al final voy a hacer un casting para que alguno de vosotros me acompañe y ya, de paso, hasta igual es el hombre de mi vida y podemos publicar nuestra increíble boda en esta revista. Seremos las estrellas de The Wedding Planet Magazine. Espera, espera, no os aterroricéis tanto.. que os aseguro que en algunas culturas gusto mucho. Palabra de Olivia Newton-John (me da a mi que esta pista igual os da una idea de mi edad… ¡maldición!).


 
Bueno, pues ya descansadito, con los ojos brillantes, el traje de los domingos y la colonia que me regalaron para mi cumpleaños, me lancé a la calle a romper la noche. Ya os he dicho que estaba al lado del Gaixample. No os imaginéis que es el paraíso gay aunque no se puede quejar. He visto que en esta ciudad todo se abre y no se centra en un sitio específico, lo que te permite conocer los maravillosos contrastes que nos aguardan. Así que me dejé llevar sin remisión. Tras tomar algún que otro café (esa noche no iba a pegar ojo, ya verías tú), pues me fui al Plata Bar que está en el Carrer del Consell de Cent 233. Como abren a las 20:00, me presenté un cuartito de hora más tarde para tomarme una tapita y un cóctel de esos a los que tienes que hacer una foto para subirla a Instagram y tener 45.000 likes. Tengo que decir, que no se me olvide, que un camarero me robó un pedacito del corazón y si eso, a ver si algún día voy y lo recojo, que me hace falta y luego me sube la tensión.


 
Veamos. Había que cenar, que con el cóctel me había puesto como una moto (pero moto tipo alegre, que lo otro si eso ya viene luego) y me fui a cenar a dDivine que está en el Carrer del Balmes 24. ¡Qué divertido todo! En serio. Si os gustan las cenas con espectáculo de Drag Queens este es vuestro sitio. Yo lo paso verdaderamente mal, si soy sincero, ya que debo de tener esa cara que grita: “¡A mi!¡A mi! ¡Dime algo que me saque los colores y quede más tonto que si me escogiesen para el rosco de Pasapalabra!”. Sí. Parece que tengo un imán pero al final me lo paso tan, tan bien, que os aconsejo que no dejéis pasar la oportunidad de disfrutar de un par de horas inolvidables.

Luego tenía que visitar Punto BCN en Muntaner 63. Lo recordaba de algún fin de semana que me perdía por la ciudad. La primera vez que lo vi me sentí bien, visible, aceptado.. no sé cómo explicarlo. Venía de una época de oscurantismo. De esos locales en los que parecía que te tenías que ocultar y las sombras te daban la fuerza para ser tú. Sin embargo este sitio tenía luz por todas partes, te veías, te sentías, te reconocías. Igual pensáis que estoy como una cabra, pero hoy en día todo ha cambiado, no es como antes… pero por aquel entonces, descubrir aquello me dio un subidón que sentí de nuevo cuando atravesé sus puertas. Os lo recomiendo. Es un clásico que no hay que dejar pasar.


 
La noche acabó en Metro Disco, muy cerca de Punto BCN. Está en el Carrer de Sepúlveda 185. Qué os voy a contar, tiene tanto cabaret como música comercial y electrónica. Según cuándo vayáis os podéis encontrar con mil sorpresas. Yo me las encontré todas y hasta encontré un príncipe azul que me duró hasta el desayuno del día siguiente. Tranquilos… sigo soltero. Aún hay espacio para ese que pueda que me acompañe en esta Mi Gran Vida Gay que me tiene como loco.

La noche acabó en el Paseo Marítimo. Hacía una noche de esas con luna de anuncio de televisión. Una mano me agarró con fuerza como si me prometiese futuro y los besos se perdieron allá por el horizonte. Fue bello y me sentí como aquellos años en los que TeleCinco daba sus primeros pasos. Recordé suspiros e imaginé nuevas historias. La brisa me hizo temblar y ceo que Roger me acarició desde la lejanía de aquello que ya no se llena de vida. Fue extraño, fue bonito… fue volver y cerrar una era que tenía que acabar. No sé si derramé alguna lágrima porque no sería el broche final perfecto. Pero derroché besos y promesas mirando aquellos ojos azules que me esperan cuando llegue el otoño…

En fin… deseo que hayáis disfrutado tanto como yo de todos estos momentos que se quedan en mi mente y que, quizás, dentro de unos años volveré a rememorar cuando vuelva a pasear esas calles que se han impregnado de mis recuerdos.

¡Besos!

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