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¿Montamos una Fiesta de San Valentin?

Pero un poco diferente…

 

No estamos hablando de la típica fiesta romanticona…no. Esa la podéis montar vosotros con vuestras parejas cualquier día  de estos. Nos referimos más bien a una fiesta de San Valentín diferente; una fiesta para reírse, descontrolar un poco y pasarlo bien… Aunque sea este día, no todo van a ser dulces de algodón de azúcar…

Posibilidades hay muchas, pero a nosotros se nos han ocurrido cosas que nos encantaría encontrarnos si nos invitaran a una fiesta de San Valentín y poder divertirnos pese a no tener pareja, ni ganas. Y, aunque parezcan un poco raras, seguro que funcionan… aunque no ofrecemos garantías…

Si la haces en vuestra casa, lo primero y más importante: avisar a los vecinos…o invitarles; porque no hay nada más pesado que un vecino tiquismiquis y si están incluidos… pues  no se quejarán.

Haz una fiesta no solo para parejas; también para amigos, algún conocido, contactos habituales en las redes y hasta uno que pasaba por allí…así hay caras nuevas y con cosas nuevas que contar. Incluid alguna mascota de buen carácter así, si algún invitado se aburre, ya tiene con quien charlar…

Invítalos por teléfono, por whatsapp o bajando a la calle y subiéndolos agarrados por un brazo, pero por encima de todo ¡acuérdate de invitar! y hazlo con tiempo.   Parece una tontería pero, por experiencia de alguno de nosotros, sabemos que no lo es…

Decora la casa de manera maximalista, nada de armonías y deco de revista. ¡Que los invitados se ahoguen entre corazones, globos, serpentinas y figuritas de  brilli brilli! Además de que va a quedar entre horrendo-cool y alucinante, puedes esconder entre angelotes y florecillas, a ese vecino pelma que al final dijo si a la invitación. Una decoración “más es menos” es como una exposición de esas inmersiva que están tan de moda y va a hacer    que tus invitados vivan la fiesta como en 4D y nunca, nunca la olviden… siempre y cuando  no se ahoguen entre dos globos gigantes, claro…

Es el momento de irte a una gran superficie y comprar iluminación fiestera. Si andas triste de presupuesto puedes bajar al chino, que siempre tienen de todo pero, estate atento, no vaya a ser que entre tanto papel y globo las luces se calienten y acabéis con el extintor o los bomberos.

Y hablando de bomberos… ¿por qué no contratar a algún artista que aparezca disfrazado de policía, bombero o bello querubín del Santo y le den temperatura a la fiesta?

Comprueba que tu equipo de música suena lo suficientemente fuerte para que parezca una fiesta de la espuma y así los vecinos llamen a tu puerta. ¡Oye! Lo mismo son simpáticos y hacéis amiguitos nuevos… Si lo que aparece es una pareja de chulazos uniformados comprueba que, finalmente, no habías contratado una pareja de strippers porque entonces, es más que seguro que sea la policía y es recomendable bajar el volumen. Entre los temazos no puede faltar algún hit sanvalentinero de los 60 o 70, pero de mucho bailar.

Aunque no sea una cita para cenar, prepara comida. La gente siempre quiere comer, siempre… y más si hay copas gratis. Pero eso sí, pon cositas que sean fáciles de comer de pie, por eso de que si se te cae algo entre las olas de serpentinas rosas no sea una gran pérdida. Piensa que si les ofreces codornices asadas, por ejemplo, y se caen entre risas, saltos y  corazones bamboleantes, difícilmente vas a poder recuperarlas. No hace falta decir que, al día siguiente, el suelo aparecerá mugriento y con olor a capítulo gore de C.S.I. Eso, sin contar que  los más torpes se pasaran la fiesta buscando la comida que salió volando entre los adornitos o se tiraran desesperados al suelo para poder apoyarse y cortar lo que sea con los cubiertos.

Si los invitados han conseguido comer algo, entonces ya puedes ponerles de copas hasta arriba… Una fiesta que se precie tiene bebida. Busca las que sean de colores rojos y rosas (existen todo tipo de ginebras) o con etiquetas a juego y algún ponche made at home. Aquí hay licencia para ser cursi ad nauseam mientras lo que se sirva tenga suficiente alcohol. Monta una mesa con todas esas botellas y ponla un poco alejada del sitio que hayas destinado para bailar.

Y cuando la gente haya bebido mucho siempre se agradece una mesa de dulces…ahí uno se puede explayar con todo tipo de chorradas en forma de galletas, chocolates, cup-cakes y todo muy de corazón y muy relamido. Será un espectáculo de dudoso gusto pero cuando has bebido, todo ese dulce se convierte en una estupenda esponja.

Comed, bebed, saltad y haced todo lo que os apetezca en plan juergón. Vale todo menos parejitas por los rincones, sobre todo para no amargar al vecino beodo que lleva un rato abrazado a tu bulldog francés y porque, además, en una fiesta eso es un coñazo.

Y nuestro consejo final: habilitar algún sillón vacío entre tanta decoración de colores por si, al final, alguien cae redondo. Mejor que duerma la mona sobre tu precioso sofá de diseño  que rescatarlo al día siguiente debajo de 6 kilos de corazones y purpurina o tener que buscarlo con un sonar y  la resaca mañanera.

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